antroposcopio

Oteando ideas, actitudes y comportamientos

¿Qué hubiera hecho Mozart en el Masai Mara…?

… seguramente tocar los bongos. Pero lo importante no es la estúpida conclusión. Podríamos habernos avergonzado si alguien nos mirara por la cerradura de la puerta (quizá alguien mire ahora) y nos sorprendiera acalorados decidiendo qué hubiera pasado con Mozart en ese extraño supuesto.

La discusión no era en vano. Estaban en juego el dualismo ontológico, el determinismo, el darwinismo, la psicobiología, los memes y alguna otra disciplina que pasaba por allí. Y estaban en juego en una mesa con vino y en pijama. Poco nivel estético para tanta pretensión.

Y todo empezó por el talento (veo que Wikipedia ya nos lleva la contraria). Es indudable que Mozart tenía talento, pero esa no era la discusión. Lo importante del talento de Mozart es que llegamos a disfrutarlo todos (los que queremos). Lo materializó: creó, interpretó, transmitió. Convirtió la posibilidad intelectual en hecho. En muchos.

En una esquina los dualistas con vino y ron, resumiendo: el talento, la capacidad, por definición (al menos en Wikipedia), es una aptitud. Como tal no es, sólo puede ser. El talento es algo con lo que se nace pero que requiere de una actitud, un contexto, unas recompensas…Es algo abandonable según el interés y, por tanto, utilizable o no según la necesidad o las ganas del afortunado propietario. Toneladas de talento se ven desperdiciadas por circunstancias propicias, poco estimulantes o demasiado coactivas como para ejercerlo de forma plena.

En la otra esquina, los deterministas con vodka, ron y ginebra, también resumiendo (para que no se note el lado del que estuve): el talento, el TALENTO, perdón, no es una aptitud. El talento es un torrente. Es algo que fluye inevitablemente, que, puntualmente puede hacer un meandro o caer en cascada, pero que, al final, se plasma, aparece. El talento no es una aptitud, repito, es una necesidad. Los genios (así definidos no por el talento que tienen, sino porque lo han llegado a materializar), todos, tienen vidas entregadas. A veces infelices, a veces recompensadas y a veces no, a veces controvertidas, a veces detestables.Pero hay una cosa común a ellos: el talento MUEVE su vida, no es un acto voluntario. La recompensa de hacer eso, lo suyo, tan bien, es invencible por los condicionantes externos o internos. El talento, el verdadero, no es una capacidad del cuerpo para perpetuarse. El talento, el verdadero, el genial, esclaviza al cuerpo para materializarse él. A costa, incluso, de la felicidad del propietario.

Y para demostrarlo la trampa de recurrir al cerebro mas genial estudiado. Mayor determinismo imposible.

No ganó nadie. Por eso Mozart acabó tocando los bongos en el Masai Mara, a medio camino entre la materialización absoluta y las circunstancias. Pero se pueden sacar muchas conclusiones. La más reconfortante: hay que ser verdaderos amigos para hablar con vehemencia, implicación y durante 4 horas de algo así.

2 Comments

  1. Aun manteniendonos entre la aptitud y el torrente, pero al hilo:
    “En dias como el de hoy, en los que abandono temporalmente la obra en curso, si no dibujo, una multitud abarrota mi mente, y la multitud me acusa” (sic)

  2. Esa multitud es el torrente, la multitud también fluye. Si no puede fluir como quiere protesta…me cargas de razones.

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