antroposcopio

Oteando ideas, actitudes y comportamientos

Ambiciosos vs entusiastas

El propósito fudamental de las reflexiones de este blog es, a priori, compartir y, sólo de paso, homenajear, a aquellas personas que se vuelcan, en cualquier ámbito de la vida que sea.

Los héroes clásicos lo eran en base a hazañas, que podían acontecer de manera casual o inevitable y que obtenían el homenaje fuera o no perseguido. La diferencia cualitativa entre un héroe o un anónimo era la magnitud del hecho materializado, independientemente de los pasos que se hubieran sucedido para su acontecimiento.

Los héroes tradicionales, cuyos resultados pueden ser o no importantes o adornados de forma conveniente, merecen, únicamente, escepticismo. Un proceso crítico para enfocar los logros y darles su justa perspectiva y valor. Lógicamente, de ese proceso revisor, se salvarán muchos hechos, pero, quizá con todas las circunstancias correctamente tenidas en cuenta, se desvanecerá el aura y quedará el poso. El verdadero logro.

Pero aparte de los héroes, que generalmente son conocidos y dados a conocer, existen muchas personas (mas de las supuestas, si miramos alrededor analizando cada actitud que nos suscita envidia), cuyos logros lo son gracias a una virtud, el entusiasmo.

El entusiasta consigue o no lo que se propone y lo que consigue puede ser modesto o espectacular, pero en el proceso de conseguirlo el entusiasta se vuelca, disfruta, se realiza. El entusiasta hace lo que hace porque no puede no hacerlo. Su actitud es inevitable, una tendencia vital. No cuestiona su actividad, persevera en ella o la reinventa para incentivarse, pero nunca la ignora o la abandona. Habla de lo que hace con frecuencia y lo hace en tono didáctico, intentando contagiar su entusiasmo. A menudo es incomprendido por exagerado o genera rechazo por inapropiado, pero, aún así, persevera. Nada le disuade. No tiene miras, sólo capacidad. Y, porque insiste, finalmente, materializa.

Es obligatorio saber distinguir entre el entusiasta y el ambicioso. Este último pretende el objetivo, el resultado. Puede no disfrutar en el proceso o que éste sea incluso sufrido, pero le satisface la consecución. Al ser el objetivo prioritario es capaz de vulnerar las reglas o de ampliar los medios para conseguirlo, a diferencia del entusiasta que puede perpetuarse en el proceso, sin alcanzar un objetivo. La ambición se entiende peyorativa, pero actúa como indispensable para el progreso. Clave en él. Creadora.

De la mezcla de ambos surge el triunfador. Ambicioso y entusiasta. Obsesionado con el objetivo y motivado por el proceso. Necesariamente ególatra y descarado. Tiene el hambre y las herramientas, lo tiene todo. No hay tantos, aunque los hay para infinitos aspectos de la cotidianidad. Y son los que mueven a los demás, los que los espolean y dirigen, los que guían y marcan tendencia, los que dominan su mundo, desde el laboratorio al taller, de la mesa de la cena al mitin.

Y, sin pretensiones (a priori), desde el ANTROPOSCOPIO, entre reflexiones en voz alta y sugerencias, aparecen héroes desmitificados, ambiciosos justificados, triunfadores coloreados y, sobre todo, entusiastas reivindicados.

Y tu…¿nadas o te hundes?:

Por cierto… Deezer, lo que quieras.

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